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La lectora impaciente

CUENTOS

LA PALMERA

La observó desde la mesa de la cafetería, había buscado el lugar apropiado, justo frente al escaparate desde donde veía perfectamente la puerta de la casa.

Teresa quedó embarazada la noche que se casó con Matías por iglesia, era casi imposible casarse por el registro civil en 1976.

Finalizó la boda con una gran fiesta donde participaron todos los amigos. Era importante festejar que Teresa no tendría que salir de España por falta de papeles. Matías se había ofrecido a casarse con ella, juntos habían ido a un notario y firmaron un acta donde se indicaba claramente que se casaban para solucionar los problemas de papeles de residencia, que había una gran amistad pero no habría consumación del matrimonio y que vivirían en domicilios separados, era frecuente en esa época.

Eduardo asistió al convite y luego prolongó la noche a solas con Teresa por los diferentes pubs de la zona.

Esa noche se enamoró perdidamente de él y despertó a la mañana siguiente en la cama del actor valenciano, la invitó a compartir su vida en Málaga.

Había estudiado Bellas Artes en Montevideo y se había especializado en escenografía y él le propuso participar en su colectivo de teatro.

Volvió de Málaga tres meses después, quería pedirle que al nacer su bebe, lo adoptaran. El embarazo le sentaba a las mil maravillas pero no se creía capaz de criar un hijo en esta etapa. Era una mujer muy independiente y no había sentido la necesidad de comentar su decisión a Eduardo que compartía con adoración cada minuto de su vida.

Norma no tenía hijos ni podría tenerlos, había sido operada hacía pocos meses y vivía con dolor esta carencia.

Teresa sabía que dejaría a su bebe en las mejores manos y se lo explicó a su amiga, ésta aceptó  pero decidió no tomar demasiado en cuenta la conversación, era bastante fácil que desistiera  cuando tuviese por primera vez a su bebe en brazos.

Los meses pasaron y Teresa volvió varias veces a casa de Norma, le recordaba que cuando se pusiese de parto la llamaría inmediatamente, debían recoger a la recién nacida, era una niña.

Cuando llamaron, Norma y José viajaron rápidamente a Málaga; habían comprado ropita, una cuna y juguetes aunque dudaban que volverían con la niña.

Eduardo se sentía el hombre más feliz del mundo, la había inscrito en el registro civil y les pidió que fueran sus padrinos, quería que su hija siempre contara con ellos. Al volver desarmaron la cuna y guardaron el ajuar en una gran caja de cartón con ositos pintados.

Siete meses después apareció Teresa con Renata en brazos, la pequeña dormía plácidamente. Les explicó que había discutido con Eduardo y les dejaba la niña por unos días, tenía que solucionar algunas cosas.

Cuando quisieron reaccionar tenían a la niña en brazos y su madre había desaparecido. Durante una semana Renata se transformó en el centro de su vida hasta que volvió la pareja, tomados de la mano.

Teresa volvió a hacerlo otras veces; dejaba a la niña sin indicar cuándo volvería.

Cuando la beba tenía dos años, después de una semana, llegó su padre a recogerla. Habían decidido separarse, se había ido de Málaga y se haría cargo de su hija, no dejó dirección ni teléfono.

Teresa desapareció.

Pasaron seis años. Norma recibió una carta, le escribía Renata pidiéndole pasar unos días con ella, su madrina.

Teresa llamó para confirmar la fecha y le explicó que se había divorciado de su amigo Matías, se había casado con Eduardo con el que había seguido viviendo hasta hacia un año. Los llamaba sus dos maridos.

Le comentó que desde muy pequeña  le hablaba a Renata de su madrina y la niña le había pedido ir en sus vacaciones a su casa.

Jugaron, caminaron, tomaron grandes helados durante una semana, Norma pidió a Renata que le siguiera enviando sus cartitas con dibujos.

Intentó llamarlas, les escribió cartas que se las devolvían con el rótulo de domicilio desconocido.  

Volvió a   escuchar la voz de su amiga después de catorce años.

-Tengo cáncer y no sé cuánto tiempo me queda de vida, cuando muera ocúpate de nuestra Renata, no la dejes sola.

Matías la había llamado la noche anterior, Teresa había muerto, había indicado claramente que llamaran a Norma para que se ocupara de esa mujer que ahora veía desde el escaparate y era tan alta como una palmera. Temía emocionarse demasiado cuando la abrazara.

 

 

 

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ÉL TENDRÁ RAZONES

Alicia no quiso juzgarlo.

Dejad que Dios lo haga- repetía incansable.

Me enamoré, nos casamos frente a Dios y él sabe lo que hace- volvía a repetir.

Había salido del colegio de monjas cuando ya podía hacer las prácticas, tenía 19 años y gran parte de su vida la había pasado allí.

Luego de la muerte de su esposa, la niña tenía sólo seis años, su padre decidió que no estaba capacitado para educarla y la confió a un colegio religioso donde le darían las pautas educativas, morales y sociales suficientes para el futuro.

Cuando llegaba el verano y sus compañeritas volvían a su casa, Alicia las despedía desde el gran portal envidiando su alegría por el encuentro con sus familiares. Ella sólo salía algún fin de semana al pueblo cercano con su tía Alejandra para pasear por la calle principal y comer un gran helado en Pastelería Enríquez.

Se sentaban en la terraza y la tía la adoctrinaba sobre el buen oficio de ser esposa y madre.

- Tienes que hacer todo lo que tu marido te diga, él siempre sabrá cuándo le mientes y tiene derecho a castigar tus malas obras, como Dios y la virgen.

Las monjas le explicaron que el casamiento era un vínculo eterno y que su esposo la guiaría por el camino perfecto.

Cuando conoció a Leonardo se enamoró de sus modales suaves y su porte. Daban largos paseos y él no se permitía el menor acercamiento.

- Es el hombre ideal, escribía a las monjas, distinguido, pulcro y educado, me tiene un gran respeto y ni ha intentado un beso.

Su madre la recibía con afecto y pronto comenzaron a hacer planes de boda.

Ella vivía en una pensión y le ofreció mudarse a una habitación en su casa.

Una noche insistentemente su futura suegra le propuso que durmiera con su novio.

- Él te respetará y así comenzáis a conoceros un poco mejor.

Leonardo apareció vestido con un pijama nuevo y se acostó a su lado tomándole la mano, inmediatamente quedó profundamente dormido.

Se casaron a los cuatro meses.

- Sé que el matrimonio es algo más que esto, le escribió a las monjas, pero Leonardo es muy respetuoso conmigo, supongo que no quiere lastimarme.

- Quisiera acercarme a rezar a la virgen antes de este fin de 1974, creo que mi marido me dará permiso para viajar, él ha ido a Londres con su amigo Pedro; me ha traído un pañuelo bordado y me ha contado que las mujeres allí fuman como chimeneas por la calle y visten, sin ningún recato, largas camisas con flores y pájaros pintados y piedrecillas de colores.

Su tía la visitaba cada tres meses y siempre repetía la misma pregunta ¿cuándo tendrás un niño?

Su pudor le impedía explicarle que todavía no se habían consumado el matrimonio y ante la actitud agresiva de su marido cuando intentó preguntarle cuándo lo harían, decidió que debía ser paciente, su suegra constantemente le pedía prudencia y fidelidad.

Hacía frío esa noche, habían cenado demasiado y despertó de golpe, Leonardo la estrujaba tanto que no podía respirar repitiendo en sueños palabras sueltas.

- Te amo, te amo…, sintió la penetración y dio un alarido, Leonardo lo hacía totalmente dormido.

- Querido mío, balbuceaba entre ronquidos.

Tres meses después le informó a su marido que estaba embarazada y él le dio a entender que no recordaba el incidente.

Pero Alicia decidió que no debía juzgarlo, él tendría sus razones para hacerlo.

 

SIETE BRAZOS EXTENDIDOS

Estaba sentada con el brazo extendido mirando la tele.

Eran siete brazos extendidos por donde penetraba lentamente el líquido.

Algunos llevaban alguna revista o un libro, otros se quedaban aparentemente dormidos durante esas horas que se hacían interminables como si los minutos no tuvieran valor en esas sesiones que les prolongaban la vida.

Fuera esperaban los otros brazos, las otras pelucas, las esperanzas puestas en ese líquido venenoso que circularía por sus cuerpos y mataría todo, lo malo y parte de lo bueno.

Mientras, en la tele, seguían hablando de las corruptelas o del último amor del matador de toros porque el mundo, a pesar del miedo y los sueños de los que miraban  el aparato en ese recinto blanco, seguía funcionando.

Muchas veces quería gritar que el mundo se detuviera, que se quedara allí como si fuese la única oportunidad para que su vida continuara, sin el líquido por sus venas, coronada por la cabellera que había perdido a grandes mechones, con el sabor de un buen plato de comida, sentido anulado entre tantas otras cosas por ese líquido infernal.

Se acercó la enfermera a cambiarle la bolsa y la lágrima rodó hasta llegar a la comisura de sus labios, secos y descarnados.

CHEMA LERA y mi relato

CHEMA LERA y mi relato

Chema Lera ha ilustrado mi relato Serafín en el número de enero de EL CRONISTA DE LA RED.

Gracias por ese maravilloso trabajo.

El terror

Entré lentamente, la media luz invadía el recinto , con techos abovedados y un terrible silencio.

No podía quedarme fuera, la lluvia se había desencadenado y no quería mojarme, no tenía otra alternativa aunque me costó empujar la enorme puerta, sentía un terrible miedo.

¿Qué se ocultaba tras ese pórtico, lleno de mágicas escrituras?

El suelo, húmedo y viscoso  entorpecía mi capacidad de moverme, pegajoso y en tramos ocupado con grandes contenedores donde rebullía el líquido oscuro.

Me costaba respirar, el calor imperante me hacía transpirar y las gotas de sudor se escurrían por mi frente y mis ojos entorpeciendo la visión del lugar. Sentí pánico, todo se unía para que el terror me inundara los sentidos que me jugarían en cualquier momento una mala pasada.

Silencio, el rebullir del líquido, el humo... y fuera la lluvia y los truenos.

En mis manos el cucurucho se iba impregnando de su calor,  que lo apretaban casi deformándolo. A lo lejos oía un latido de alas que aunque era casi imperceptible, invadía el ambiente.

Me moví lentamente hacia la mesa, llené el cucurucho de churros y salí corriendo.

  

Peperoni y Old Spice

Peperoni y Old Spice

Hablamos de los cuentos de miedo, de la búsqueda de autores y de ediciones en catalán y valenciano.

No entendí cuando me preguntó sobre las obras de Peperoni.

La observé detenidamente, ¿me hablaba de un escritor o de una pizza?

Y los cuentos de Old Spice son muy largos?- su segunda pregunta.

Peperoni y Old Spice?- murmuré.

Lentamente me di cuenta que me hablaba de Perucho y Lovecraft.

 

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No había nadie

Nadie, no había nadie.

Me dijo que estuviese a las seis  y media y fui puntual.

Durante el viaje practiqué sobre la ventanilla  los sesenta minutos.

¡Era tan importante!. Toqué y volví a tocar el Improntus de Schubert infinitas veces.

Corrí al bajar del autobús por la avenida.

Tenía quince años, era la primera vez que tocaba en público y sabía que era la quinta del programa.

Subí la escalera tratando de arreglarme el pelo y cuando entré me angustió el silencio.

Me acerqué al Salón y estaba vacío.

¿Sería demasiado pronto...?

Lucas, el bedel, me informó que había sido un éxito, habían ocupado las ciento cincuenta butacas.

Salí llorando lentamente.

El lunes siguiente, cuando pregunté a la profesora, la que iba vestida de gasas y pieles extrañas, me dijo que simplemente se había equivocado de hora al citarme. Y volvió a repetirme que las chicas pobres, como yo, no deberíamos estudiar en el Conservatorio Nacional.

Miedo

Se detuvo, se sintió amenazada.

Intentó escuchar, los sonidos parecían alejarse.

Apretó el bolso y pensó que si lo utilizaba con fuerza quizá podría defenderse.

Calculó rápidamente lo que contenía: la libreta, la billetera, la cajita con tarjetas, el paquete con chicles, el móvil y el monedero.

El peine y el espejito se romperían, también el teléfono.

Un coche pasó rápidamente, con la música a todo volumen.

Volvió a caminar y su ritmo se hizo cada vez más rápido.

Algo le tocó la pierna por detrás.

Saltó y corrió sin aliento.

Al llegar a la esquina, volvió a detenerse.

Al mirar hacia atrás sólo vio un pequeño gato maullando sin parar.

 
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Laberinto con déficit cero

Desesperada buscaba la salida, había llegado a las dos y media de la tarde al Hospital La Paz de Madrid.
Me diagnosticaron una fuerte contusión en la rodilla y me enviaron a Urgencias General, me sentaron en una silla de ruedas con el suero colgando de una percha, las cuatro menos cuarto de la tarde; la Sala de Espera donde me llevaron, a tope, la gente sentada en el suelo o esperando en los corredores aledaños y con el oído puesto para escuchar la voz que dice tu nombre.
A los seis y cuarto dijeron mi nombre, la Doctora dio la orden para hacerme un electro y toma de la tensión arterial,terminaron a las seis y media y vuelta a la Sala de Espera.
Las doce y cuarto de la noche y no me habían vuelto a llamar, mi marido colocó la silla directamente frente a la Consulta, no quise esperar más la llamada.
A la vista de la silla, la Doctora no tuvo más remedio que atenderme, me dijo que hacía dieciséis horas que estaba trabajando, era casi la una de la madrugada, me dio el alta y la solicitud de ambulancia.
Llegamos a casa a las tres menos cuarto de la mañana.
Recordé a la ministra de Sanidad y al presidente Deficit Cero, a costa de nosotros, los pobres que vamos a un hospital público, los ciudadanos que pagamos los impuestos con los que paga la guerra en Irak a su amigo Bush.

ENTREGA DEL PREMIO Y PRESENTACIÓN DEL LIBRO ELECTRÓNICO RELAT...ANDO

PROGRAMA DE LA ENTREGA DEL
PREMIO DEL PRIMER CERTAMEN INTERNACIONAL DE RELATO BREVE
y PRESENTACIÓN DEL LIBRO ELECTRÓNICO "RELAT...ANDO"

11 DE OCTUBRE 18 HORAS
CENTRO CULTURAL "FERNANDO BENDITO"
RASCAFRÍA - MADRID

PRESENTACIÓN
ADRIANA SERLIK

LECTURA
ALEJANDRA , LOURDES,VÍCTOR Y ZARA
“EL MERCADER METICULOSO”
DE ASTER NAVAS MARTÍNEZ

GRUPO DE TEATRO PEÑALARA
CARMEN SANCHO
“UN ABUELO EN EL TEJADO”
ROGER PEÑA CARULLA

ACTUACIÓN DEL GRUPO DE DANZA
“LA TROCHA”

LECTURA DE FRAGMENTOS
DE LOS RELATOS SELECCIONADOS
ADRIANA SERLIK

ACTUACIÓN DEL GAITERO
JUAN OLIVER MOSQUERA

GRUPO DE TEATRO PEÑALARA
MARÍA JOSÉ CORTÉS Y SANTIAGO VILLAREJO
“UNA NOCHE EN LA VIDA DE DOS MUJERES
EN SANTIAGO DE CHILE”
LAUTARO RAMOS GUERRA
1º FINALISTA

ENTREGA DEL PREMIO
A D. CARLOS RODRÍGUEZ MAYO
LECTURA
“ ASESINATO DE UNA VELA”

PALABRAS DE BIENVENIDA
A LOS AUTORES SELECCIONADOS PRESENTES
POR EL CONCEJAL ANGEL CANENCIA MARTÍN

ACTUACIÓN DEL GRUPO DE DANZA
“LA TROCHA”

SORTEO DE 5 CD DEL LIBRO ELECTRÓNICO
“RELAT...ANDO”
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