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La lectora impaciente

Alicia Alonso, el ballet y la soledad

Comprendí de pronto
mi amor por el ballet.
Era la danza como los cuentos de hadas
la posibilidad de soñar
mundos fantásticos y maravillosos.
Pero
al ver el diálogo amoroso
entre los bailarines,
mis ojos comenzaron
a llenarse de lágrimas.
Era la primera vez
que no podía compartir
esa ensoñación
con José Mary.
Y recordé los momentos,
que maravillada de lo que veía,
tomaba firmemente su mano.
Luego, al salir sola,
en el frío de la noche,
al ver a mi alrededor tanta gente
que iba a recorrer el viaje de vuelta,
y que conocían mi soledad y mi imposibilidad
de retornar sin ayuda,
y continuaron su camino sin preguntarme
las lágrimas se transformaron
en un caudal que no pude detener.
Era tocar la carencia como nunca
la terrible soledad
contra la que estaba luchando
hacía seis meses.
Llamé al amigo que cariñosamente
se ofreció a llevarme si tenía dificultades
y al subir al coche,
aunque quise ocultarlo
no pude dejar de llorar.
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1 comentario

Enric Marco -

Hola Adriana,

Como sabes no pude ir a ver el ballet. Pensé en ti mientras miraba Saturno con un grupo de escolares.

Si hubiera ido te habria llevado a Simat sin problemas. Siento de verdad tu soledad.

Enric
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