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La lectora impaciente

Laberinto con déficit cero

Desesperada buscaba la salida, había llegado a las dos y media de la tarde al Hospital La Paz de Madrid.
Me diagnosticaron una fuerte contusión en la rodilla y me enviaron a Urgencias General, me sentaron en una silla de ruedas con el suero colgando de una percha, las cuatro menos cuarto de la tarde; la Sala de Espera donde me llevaron, a tope, la gente sentada en el suelo o esperando en los corredores aledaños y con el oído puesto para escuchar la voz que dice tu nombre.
A los seis y cuarto dijeron mi nombre, la Doctora dio la orden para hacerme un electro y toma de la tensión arterial,terminaron a las seis y media y vuelta a la Sala de Espera.
Las doce y cuarto de la noche y no me habían vuelto a llamar, mi marido colocó la silla directamente frente a la Consulta, no quise esperar más la llamada.
A la vista de la silla, la Doctora no tuvo más remedio que atenderme, me dijo que hacía dieciséis horas que estaba trabajando, era casi la una de la madrugada, me dio el alta y la solicitud de ambulancia.
Llegamos a casa a las tres menos cuarto de la mañana.
Recordé a la ministra de Sanidad y al presidente Deficit Cero, a costa de nosotros, los pobres que vamos a un hospital público, los ciudadanos que pagamos los impuestos con los que paga la guerra en Irak a su amigo Bush.
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